LO QUE COMEN OTRAS GENTES

Como ustedes saben, cuando va uno de viaje tiene que probar otras costumbres. ¡Pero lo más difícil es la comida!

Estas páginas se pueden leer de dos maneras. Uno es fijándonos en las novedades que encontraron en el viaje. Otra es descubrir como comen en Zinacantàn por la manera en que nuestros amigos hablan de otras comidas. Por ejemplo, ¿recuerdas que allí la carne se come siempre en cocido?

¡A ver que les parece!

LO QUE COMEN OTRAS GENTES

Una primera sorpresa fue en Tepotzotlàn.

Así dice Anselmo Pérez:

Temprano, al otro día, salimos de México. Llegamos a un pueblo. Fuimos por allí a comer. Preguntaste que queríamos comer.

–          “¿Qué quieren de comer, huevos con tomate, carne, o pollo? – nos dijiste.

Tú y nuestro compadre pidieron huevos, yo pedí carne. Porque quiero comer bien.

Nos dieron lo que pedimos. Comimos.

Comí de prisa porque tenía muchas ganas de comer. Entonces cuando soplaba mi comida sentí un olor feo.

No sé qué clase de carne era, si, tal vez caballo o alguna otra clase. No sé. Simplemente no la comí. La deje tirada en el plato. Solo comí el pan. Mi comida, sencillamente, no la comí. Me dio nausea. ¡Era tan horrible!

Otra sorpresa cuando llegaron a Zuni, pueblo indígena de Nuevo México. ¡Creíamos que comen como en Zinacantàn!

Pero miren lo que dice Anselmo Pérez:

Un hombre de Zuni nos llevo a su casa. Fuimos.

Cuando llegamos entramos. Cuando entramos, me pareció que dentro había muy mal olor.

Nos ofreció sillas para sentarnos. Cuando nos sentamos, nos dio nuestra comida.

Vino un platón de carne muy colmado, con especias. Con un plato de arroz. La carne era de oveja. Por eso no la comí, tampoco. Pero ella solo vino a ver la vista, nosotros no la comimos.

Solo comió bien Nicolás, que nos acompaño a Zuni. Solo el comió bien. En cambio nosotros no probamos ni un bocado. ¡Nada! Solo nos dio nauseas, sentí que iba a vomitar. Solo comí un poco de arroz, pero no lo comí con gusto. Tuve que hacerlo, para que pareciera que estaba comiendo.

Otra vez llegamos a las doce y media. Cuando llegamos, desayunamos. Había un ladino que nos acompañaba. El nos dio pollo a comer, el dio pan, el dio chile, el compro leche y todo ¡sí! Fue él quien nos dio de comer. ¡Sí!

Pero Lol, ¡hijo! Lol nos compraba una manzana a cada quien. ¡Pero no se llena uno con una manzana, hijo! ¿Dónde ves una persona que se llene con una manzana? ¡Hijo, yo no puedo!

Otro problema es pedir la comida. Mira lo que nos cuenta Romín Teratol de lo que les paso en un restaurante de Santa Fe, la primera mañana en Estados Unidos:

Bueno, íbamos a comer en el hotel. Pero dan menos comida, por eso es mejor comprarla en otra parte.

Bueno, fuimos a buscarla, pero allí saben español, por eso nos fuimos solos a comprarla.

Después buscamos en otro restaurante, porque estábamos haciendo prueba si la comida era mejor.

Bueno, llegamos a sentarnos en el restaurante, esperamos nuestra comida.

Bueno, la mujer nos dio el papel de las comidas, para saber que comida queríamos. Pero estaba todo en ingles. Pero nosotros ni lo entendimos. Solo nos paramos.

 

–          ¡paciencia! ¡no vamos a comer! – nos dijimos.

Porque ya había llegado la hora del trabajo, también. Ya estábamos parados.

Pero paso  que había un hombre parado que sabia castilla.

–          ¿Qué quieren? – dijo.

–          Queremos nuestra comida, pero no entendemos ingles. – le dijimos.

–          Yo pido lo que quieren comer. – dijo el hombre.

–          Pues queremos frijoles y carne. – le dijimos.

El buen hombre pidió pronto nuestra comida, pero con la boca sin ver el papel. Y entonces, comimos. Si no fuera por el hombre que estaba parado, no hubiéramos comido antes del trabajo. Solo porque nos hizo el favor el hombre que estaba allí parado.

Bueno, después ya no fuimos a buscar la comida en otra parte. Solo donde sabían español. Solo allí llegábamos a comer. Ya no anduvimos cambiando de lugar.

Ahora, Romin Teratol observa las costumbres de los gringos. Estaban en un restaurante en Washington.

Cuando fuimos a comer en otros restaurantes, dejaban un regalo de dinero a la persona que venía a traer la comida hasta la mesa.

Si el precio de la comida era alto, le daban un poco mas de dinero. Si era más barato, dejaban poco dinero. Pero era un regalo.

La cuenta de la comida viene encima de un plato. Pero había lo que parecía una toalla chica extendida en el plato. La paga de la comida se va sobre el plato. Pero lo que es para regalo, tal vez se va a su bolsillo. Pero lo dejaban amontonado sobre la mesa.

Recibe tres tostones, o dos pesos, según en corazón del que había comido.

Una vez comimos lo que se llama pizza. Parecía como una tortilla estirada. Pero tal vez era de harina (de trigo). Los hongos venían encima. Se freían juntos. Podemos decir que es el relevo de la tortilla. Porque la mera tortilla ¡esa no existía! No saben comer maíz.

Bueno, dicen que siempre hay honguitos. Aun en la cuaresma. Porque dicen que cultivan el hongo, aunque los corten, brotan otra vez, por eso no se acaban.

Pero cuando llegamos a un restaurante, no llegamos a decirles con nuestras bocas que clase de comida que queremos. Solo ponen un papel, toda clase de comida que queremos está escrita en el papel. De eso escogemos. Entonces decimos con la boca, si hemos podido escoger. Todo está escrito allí: café, leche, refresco, todo lo que queremos. De eso escogemos.