EL HOMBRE ZOPILOTE

Por oposición a nuestros últimos cuentos, este no viene de una tradición europea, es originario del Nuevo Mundo y se encuentra en toda América Latina.

Esta clase de cuentos se pueden usar para enseñar a los niños las cosas necesarias para toda la vida. Todo hombre tiene ganas de volar nomas. ¡Pero eso tiene sus trampas!

EL HOMBRE ZOPILOTE

Había un hombre bastante flojo. Fue a rezar. Pero pidió su tortilla. Allá se fue a dormir. Era bien flojo. Tendió allí, en el monte, miraba volando los zopilotes.

–          “Ven, bájense zopilotes, ven, vamos a hablarnos. Dame tu ropa”. – le dijo al zopilote.

No bajo el zopilote.

El regreso a su casa. Cada día le daban su tortilla y solo comía.

–          ¿Cómo va tu trabajo? – le pregunto su esposa.

–          “Ya hay bastantito, es que no es fácil hacerlo, ¡hay tantos troncos!

Bueno, al tercer día el zopilote bajo.

–          Bueno ¿Qué quieres? – le pregunto al hombre que dormía en el bosque.

–          No quiero nada. Pero si me prestas tu ropa ¡gozaría tanto!

–          “¡Ah!” – dijo el zopilote, pero ¿Por qué no te gusta tu trabajo? ¿Por qué no trabajas?

–          “Porque el trabajo no sirve. No puedo hacer nada”. Parece mucho mejor como tu vuelas en el cielo, eso no es trabajo, nomas encuentras tu comida.

–          Ah, pero tú nada mas miras, pero es bien difícil. O encontramos nuestro comida o nos dormimos con hambre. A veces nos contentamos con mierda, cuando no hay más. Buscamos donde sale el vapor del caballos muerto, del borrego muerto, del perro muerto. Comemos, pero no todos los días.

–          Pero eso no importa, si me haces el favor de tu ropa.

–          Bueno, ¡cierra tus ojos pues!

El hombre cerró sus ojos. Cuando se fue ya era zopilote.

–          ¿Estás aquí mujer? – dijo.

–          ¡Aquí! – dijo.

–          Ahh, ¡comería!

–          Come – dijo la mujer ¿Qué será lo que apesta tanto?

–          No sé que es, ¿hueles algo? ¡yo no!

Llegaba a su trabajo el hombre zopilote, había mucho trabajo. En solo dos o tres días rozado mucho terreno. Fue así cada día.

–          ¿Qué apesta tanto? – dijo la mujer.

El hombre dijo:

–          Con toda verdad te digo que no soy yo, que no soy tu marido. Yo soy un zopilote ¡porque tu marido es demasiado flojo! Me pidió mi ropa, la llevo y se fue. – dijo el hombre zopilote.

Llego el que había sido su marido. Estaba aleteando afuera, junto a la casa, cogía los granos de nixtamal. Esperaba si salía a cagar su esposa. En ese momento iría a comer. Si salía a cagar su suplente.

–          Ese es tu marido, se hizo zopilote pues. – dijo su relevo.

–          Ahh. – dijo ella, no sabía que era su marido.

Lo corrió, pegándole, ¡pero no había modo! Se murió de hambre, se acabo.

Así termino.