LA CAMPANA DE SAN LORENZO

No vamos a presentarles un cuento. Les presentamos una plática del hombre más viejo de Zinacantàn. Mol Xun.

El nos aclara varias cosas, ¿Por qué son rivales Chiapa de Corzo y Zinacantàn? ¿Por qué la genta es pobre? ¿Por qué no se comportan?

También nos dice como los antiguos vencieron a los enemigos de México.

Esta sabrosa charla reúne elementos de la más antigua tradición Maya (los poderosos protectores de los pueblos indígenas y de tradiciones europeas) (la campana milagrosa).

San Lorenzo es uno de los patrones protectores de Zinacantàn ¿verdad?

 LA CAMPANA DE SAN LORENZO

 Hace mucho tiempo, vivían los sagrados antepasados… eran hombres de otra época. La campana de nuestro sagrado padre San Lorenzo, que ya no está aquí, estaba colgada.

 Lo que pasa es que cuando se hizo el mundo, los dioses Vaxakmen dejaron una campana para nuestro señor San Lorenzo. Pero ¡que campana! Se oía hasta Chiapa de Corzo, hasta Tuxtla, cuando la tocaban.

 Bueno, los antepasados colgaron la sagrada campana que dejaron los Vaxakmen.

 Entiendan que esos chiapanecos con mal de pinto, eran solo manos peludas y rayos de sol.

 Dijeron a los zinacantecos:

“vamos a traer la campana. Ven a colgarla, aquí”.

 Hablaron a los ancianos más sonsos. Quien sabe cuánto costo, que dieron, si fue comprada o regalada, ¡quién sabe en cuanto vendieron los ancianos la campana! Los ancianos la vendieron.

 Entre los Zinacantecos estaba Rayo de Sol, Trueno, Viento.

Entonces los chiapanecos eran solo Mano Fuerte.

 Los antepasados sonsos hablaron entre sí:

–          “La campana se fue a Chiapa de Corzo”.

 Los hijos de Nuestro Señor San Lorenzo quien sabe por qué fueron a perder la campana de San Lorenzo. Por eso hay castigo hasta hoy para grandes y pequeños. Pero ya no es parejo, unos comen y otros no comen. Porque ellos vieron lo que paso. Los antiguos fueron a hablar con las Manos Fuertes de los chiapanecos.

–          “Si ustedes quieren, hagan el favor”. – dijeron.

La campana se fue. Se fue con el viento. Era tocada por Rayo. Se fue, fue recogida. Arcoíris se tendió sobre ella. Se fue a Chiapa, allí fue colgada.

 Bueno, quien sabe a qué hora llego a Chiapa y fue colgada. En la mañana del día siguiente ya no estaba. ¡Estaba aquí; en Zinacantàn! ¡Estaba repicando la sagrada campana! Fueron a dejarla otra vez. ¡Y a la mañana siguiente no estaba! Ya estaba aquí en su tierra. La santa campana tuvo problema para acostumbrarse allá.

 Bueno, en la tercera vez:

–          “Bueno, miren pues, ¡cuiden como les va a ir! Espérense un rato”. – dijo nuestro señor.

–          “La campana ustedes dicen que quedo colgada”. – dijo.

 En Chiapa no se quedo colgada. Le hicieron una casa, en torno a ella. Si vas a mirarla, en un rato echa agua a la gente. Hasta hoy no podemos mirar la santa campana. Esta sentada en el suelo hasta hoy. Nunca se colgó. Se ha enojado, a hora ya no viene para acá.

 Viento perdió, arcoíris perdió, rayo perdió. Pecaron, porque la santa campana se fue. Nuestro señor ordeno, los Rayos del sol perdieron. Arcoíris perdió. Por eso la sagrada campana esta así.

Hay una campana de Nuestro Señor Santo Domingo en Chiapa de Corzo pero esa no es. Es grande, de verdad ¡graaande, paro no es! La otra se oía hasta Tuxtla, se oía hasta Comitàn, se oía hasta Chiapa. Tocaban la campana cuando el padre hacia misa. Pero ¡que campana grande!

 Entiende: nunca se colgó. Los chiapanecos mal de pinto, querían colgarla. Las manos Fuertes, los antepasados, ¡iban a colgarla! Los chiapanecos eran fuertes. Pero ni siquiera pudieron. ¡Allí! Nomas quedo sentada la santa campana, hasta hoy. Ni puedes mirarla, vas a verla y ¡pronto te riega! ¡Cuídate del agua!

 Bueno, así que esa sagrada campana se enojo.

 Bueno, pero no les fue bien a los chiapanecos, tampoco. Unos son pobres, otros son asaltantes, unos vagabundean con ganas de comer.

 La santa campana se enojo. Así quedo Zinacantàn, pobre quedo Chiapa de Corzo también. Por haber causado todo esto, vinieron a robar la sagrada campana.

 Pero hasta hoy hay castigo. La campana de hoy, pues no es aquella. Esta es chica que la campana antigua, así dijo mi abuela, dijo mi padre que murió ya viejo, pero dejo dicho como fue, pero él tampoco fue testigo. Hasta mi abuelo dejo dicho, el padre de mi padre. Ellos fueron los viejos, pero los más viejos, hace quien sabe cuantas vueltas del mundo.

 Pues bueno, el oyó, el vio parece, donde fue la santa campana. Se ha perdido hasta hoy. Ahora unos agarran mujeres, otros asaltan, otros tocan altoparlantes, otros ya son cantineros ¡que bruto!, ¡puta! Ya nada sirve. Otros ya no pueden hacer nada.

 Zinacantàn está descompuesto, como decimos. Fue por lo que hicieron nomas. Es el castigo de la santa campana, hasta hoy.

 La campana, pues los chiapanecos, las Manos Fuertes, los Rayos de Sol, la colgaron, los chiapanecos eran nada mas Manos Fuertes, Rayos de Sol. En Zinacantàn, pues había un Viento, un Arcoíris, una Mariposa.

 Bueno, había una Polilla, pero grande, cuando empezó el pleito, cuando mataron a los de México, los zinacantecos se levantaron. Tres se levantaron. Se fue un Viento, se fue un Arcoíris, se fue una Mariposa. El Rayo no se levanto. Solamente un Viento, solamente un Arcoíris, solamente una Mariposa se fueron.

 Vino el pleito. Como los mexicanos se estaban muriendo, los zinacantecos vinieron al rescate. Ora se fueron tres, vinieron los generales, vinieron a encontrar a los zinacantecos en el camino.

 –          ¡Eh! ¡qué chinga! Lo que quiero es un grupo con quien sabe cuantos cientos. ¿De qué me sirven tres gentes?

–          ¡Ah bueno! ¡con mucho gusto! Podemos regresar, no vamos a ofrecernos ya que usted no quiere que vengamos solo tres. Se fueron.

 Los generales llegaron a decir que no eran suficientes tres hombres.

–          ¡Qué sonso! ¡ustedes no sirven para nada! – dijeron en México a los antiguos.

 Cuando encontraron el camino a los antiguos, los señores se arrodillaron, quitaron sus sombreros.

 Bueno, regresaron, fueron a ver donde había revolución. Fueron a ver de dónde venía la guerra.

 Bueno, entonces subieron ya en un barco, mientras comía, llego a encontrarle Mariposa. Revoloteaba en torno al barco, revoloteaba mientras comían los soldados. Pero luego echaron bala, y enseguida se prepararon. Viento ya estaba listo, Arcoíris brillaba ya.

 Bueno, Mariposa se fue a informar.

–          “Están comiendo” – dijo.

–          “Bueno, está bien” – dijeron.

 Arcoíris, en un momento, llego al lado del barco.

Viento ¡pero hizo viento! ¡María Santísima! El barco fue puesto boca abajo en el mar.

 ¡Me lleva la chingada! ¡Allí desapareció!

 Bueno, entonces, aquí dejamos el cuento.

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Lives in Mexico and works on migration and development, and works on image texts. Vive en México y trabaja en temas de la migración y desarrollo. Por aparte hace arte con imágenes y textos.
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