LOS CHIQUITOS, JUNTOS, PUEDEN.

Ya hemos conocido varios TRAMPOSOS: el vencedor de los tigres, Nuestro Señor Jesucristo, Juan Catorce y Cabeza de Oro. Pero ahora lo conocemos de forma diferente. El cuento de la carreta de animales es

 Muy famoso en la tradición europea.

La diferencia de esta versión es que nuestro TRAMPOSO ahora, es colectivo: son los sapos y también los mosquitos. Tan colectivo es el TRAMPOSO, que el relato habla, al mismo tiempo y de una vez, de uno y muchos actores. Son ellos los más débiles y los héroes de nuestro cuento.

Para el conejo hay que decir que aquí se trata de explicar porque él no tiene ni zapatos, ni sombrero. Y esto viene de la vieja tradición maya del Popol Vuh.

 –          Hermano. – dijo el venado, como antes el conejo tenia cuernos, préstame un ratito tus zapatos y tu sombrero. Me quedan un poco. Pero tú eres chiquito y por eso no te quedan. – dijo el venado.

–          “Ah, no sé si te los voy a dar”.

–          Solo un ratito ¡presta! – dijo ese desgraciado venado.

–          Bueno, ¡toma pues! ¡pero me los vas a devolver, no te vas a huir! – le dijo.

 Le dio, le entrego sus zapatos, le dio su sombrero, sus cuernos, como decimos. ¡Caray! Los tomo ese venado y nunca los devolvió. El venado tenía buenos cascos ¡y tenia buen sombrero! Como decimos. En cambio el conejo quedo sin zapatos, andaba descalzo. Así encontró su engaño el tonto conejo.

 Entonces ese venado, me parece que se puso a prueba con un sapo. Y con el sapo, se hablaron. Lo encontró en el ojo de agua.

–          ¿Quieres que corramos? Vamos a ver quién es hombre, quien puede más, quien corre más. – le dijo al sapo.

–          “Bueno, está bien”, se puede. – dijo ese sapo ¿a qué hora vamos a hacer la prueba?

 Apartaron un día, el día siguiente o quien sabe cuándo.

–          Bueno, está bien – dijeron.

 Bueno, los sapos se hablaron entre sí, hicieron cola, lejecitos. La hicieron ¡hasta allá! Cada uno. Entonces.

–          ¡Ora, sapo!

–          ¡Adelante, adelante!

 El venado pensó que iba a dejar atrás el sapo. Le adelantó ¿entiendes?

–          ¡Ora, sapo! – dijo ese venado.

–          Voy adelante, voy adelante  – dijeron, porque habían formado cola. Recibió el su engaño.

 Bueno, el venado se canso.

–          Adelante estoy. – dijo el sapo.

Hasta allá estaba en fila.

–          ¡Ay cabron! Tienes razón que sabes brincar a todo dar. – dijo ese vanado.

 Al otro día estaba el mosquito. Allí bullían amontonados.

 –          ¡Cabron! Me dan ganas de aplastarlos con mi pie. – dijo ese venado.

–          ¡Carajo! Me da ganas que hagamos una prueba. Yo tengo alas como hasta para dejarte a medio camino. – dijo el mosquito.

–          “Ahhh, Dios ¿de dónde sacas eso?”

–          ¡Hagamos una prueba, pues! ¡hagámosla! Vas a ver ¡caray!

 Se arremolinaron en su oreja.

–          ¡Ora, zancudo! – dijo el venado.

Allí zumbaban, zumbaban en el oído. Sentaditos en la oreja, allí zumbaban.

 –          ¡Ora, zancudo! – dijo el jijo del venado. Entonces:

–          “iii” – dijeron.

Allí estaban sentados en su oreja. Bueno, gano el mosquito, también. Pero se sentó en su oreja, ni siquiera volaba. Allí termino.

 Entonces me parece que vino ese conejo.

–          ¡Ehh, quien sabe!

–          “Pero bueno, ni modos, ya que yo no tengo zapatos”. – dijo el conejo.

–          “Bueno, ¡vamos a hacerlo! – dijeron.

 Pero gano el venado. El venado pudo más, porque tiene las piernas más largas. Quedo atrás el conejo. Allí quedo, ya no gano el conejo, sino el venado.

 Eso es todo lo que he leído

Acerca de admin

Lives in Mexico and works on migration and development, and works on image texts. Vive en México y trabaja en temas de la migración y desarrollo. Por aparte hace arte con imágenes y textos.
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