JUAN CATORCE

Y ahora volvemos a Zinacantàn. ¡Si señores! Otro cuento de “tramposo”. Y vamos a deleitarnos  con las aventuras de este Juan. Hay que saber que la figura de Juan catorce aparece, también, en otras culturas.

Aparte de los Zinacantecos, hay personaje semejante en Puerto Rico, en Jalisco y entre los Chontales de Oaxaca, ahí se llama “Juan sin Miedo”, en Jalisco “Juan Huevon”.

Y en todos se trata del travieso que vence al miedo y a un enemigo superior.

¡Veamos que pasa!

JUAN CATORCE

Hace tiempo había un hombre: Juan Catorce se llamaba. Le llamaron Juan Catorce porque comía catorce veces (al día). En cada comida había para catorce hombres, parece.

Bueno, se fue a pasear, a caminar, donde había animales grandes. Porque los agarraba, pero no les servían y los mataba.

Bueno, se   supo que existía ese Juan Catorce.

–          Bueno, ven acá,  si quieres, ven a trabajar. – le dijeron. Como nunca conseguía suficiente comida, por comer tanto, se fue.

–          Mira, pero no te voy a pagar pues. Nada más se te paga la comida. – dijo su patrón donde se fue a trabajar.

–          ¡ahhh! – dijo – está bien.

–          Aquí esta, vas a mover diez y seis, digo, sesenta piedras. – dijo ¡sesenta piedras!

–          Si puedes rodar las piedras, si puedes cargarlas, entonces vas a comer.

–          Bueno.

Se fue, hizo su tarea. ¡Pero piedras grandes! Cada piedra era del tamaño de una casa, las empujaba por un lado.

–          ¿Cómo va ahora tu trabajo?

–          Se acabo. – dijo el hombre.

–          ¿es cierto?

–          Si.

–          Bueno – dijo – ahora pues  – era otro día – iras a un mandado. Vas a ir allí donde está el árbol. Hay buenos platanares allá.

–          Bueno – dijo.

–          Se fue a cuidar.

–          Allí vas a dormir. – le dijo.

–          Está bien. – respondió.

Allí durmió y le hicieron trampa, porque llegaron muchísimos animales, ya que se sabía que sería comido por los animales.

Bueno, llevo su machete, lo llevo consigo a dormir, allá, al pie de la barranca.

Llegaron los animales. No pudo dormir. ¡Pero si mato a todos!

Bueno, regreso al otro día en la madrugada.

–          Bueno, vive – dijo.

–          ¿no te paso nada?

–          No.

–          ¿es cierto?

–          Si.

–          ¿y no viste alguna cosita? – dijo el patrón.

–          Nada.

–          “Entonces, pues ni modos, vas a salir otra vez” – le dijo al otro día – vas a entregar un recado, llévalo,  ve allí. – le dijo.

Se fue. Llego a hablar con un kaxlan en la primera puerta.

–          Aquí vine a dar un papel.

–          ¡vaya! Pásale, vete a hablar a ese que esta mero adentro.

–          Bueno. – dijo.

El señor muy adentro miro el papel.

–          ¡Ah! – dijo el mol –“bueno, está bien, nos vas a regresar, vas a quedarte aquí, así dice el papel. Aquí nos quedamos, aquí nos acompañamos. – dijo el mol, allí dentro el dueño de la casa.

–          ¡Ah! – respondió Juan Catorce. ¿pero quién dice?

–          ¡Yo digo!

–          ¿Y usted puede mandar? – dijo Juan Catorce.

–          Pues soy yo quien te dice. ¡vete si puedes…! ¿Cómo vas a salir? – pregunto.

–          Si quiere mi corazón salgo. – dijo Juan Catorce. Solo que ni modos me da igual, voy a ver si me acostumbro o no. – dijo Juan Catorce.

Había pasado por sesenta puertas.

Cuando se enojo Juan Catorce, comenzó a dar patadas a las puertas hasta que rompió las sesenta puertas. De esta manera salió.

Fue otra vez a hablar a su patrón.

–          ¡Ah! ¿saliste? – dijo.

–          Salí.

–          Pero ¿Cómo?

–          Así, Salí, solo abrí la puerta, solamente la abrí. No paso nada mas, solamente me libre. – dijo Juan Catorce.

–          ¡Ah! Entonces está bien. Ahora vas a camposanto. – dijo el Patrón. “vas allí, nomas no trabajas, solamente vas a pasar la noche en ese lugar”. – dijo el patrón. – bueno, ¡sale!

Se fue a dormir al panteón, se acostó, pero no le entro el sueño, se levanto y dio vueltas. Porque así le dijeron, que no durmiera.

En la noche vinieron todas las ánimas.

–          ¿Qué buscas aquí? – dijeron las animas.

–          No busco nada, solo estoy descansando. – dijo Juan Catorce.

–          Ahora no vas a buscar nada aquí, si quieres vamos a mi casa. – dijeron.

–          ¿Quién te manda? – pregunto Juan Catorce – ¿Quién dice?

–          Es lo que decimos nosotros. – dijeron las animas. Lo llevaron.

No se dio cuenta de lo que pasaba. Atravesó diez y seis, digo, sesenta capas del mundo, dicen.

–          Y jui, pero caí mucho viniendo. – dijo Juan Catorce.

–          ¡Dios, pero que voy a hacer aquí! – dijo.

Pensó mucho. Ya no había modo de salir, había llegado al mero fondo del mundo.

–          “Caso que pruebo” – dijo.

En un momento pateando, majando, salió del mundo. Lo abrió, dicen, salió el, Juan Catorce, pues.

Bueno, contento se fue a hablar a ese su patrón.

–          Bueno, aquí me tiene. – dijo otra vez. Amanecía.

–          ¿Regresaste otra vez? – dijo el patrón.

–          Ya vine. – dijo.

Solamente comía y comía, se servía catorce veces en cada comida.

–          ¡Ah come pues! – Dijo – bueno, vas a salir otra vez. – le dijeron.

–          ¿Y dónde voy?

–          Ahí nomas, otra vez vas a ir al panteón.

–          ¡Ah! – dijo ¡está bien!

Bueno, vinieron bastante soldados. Vino la guerra. Porque había que matarlo, ya se sabía que no podían matarlo, porque tenía la fuerza de catorce hombres, ese solo hombre.

–          Entonces, vamos a matarlo de bala, pues. – dijeron los soldados. Llegaron, le tiraron bala. Contento estaba allí, parado, Juan Catorce.

Pasaban las balas, él las esquivaba, así ya, al lado, pasaron las balas. Se acabaron las balas de los soldados. No lo tocaron.

Bueno, cogía su machetito, lo agarro para matar. Fue a agarrar a todos los soldados. Se acabaron todos los soldados. El se fue. Llego a decírselo a su patrón, otra vez.

–          “Aquí ya vengo”.

–          ¿Regresaste otra vez?

–          Regrese, viniendo.

–          “Je, cabron, ¿pero qué clase de hombre eses? – grito el patrón.

–          “De verdad, nomas soy un hombre”.

–          ¿Y  no te paso nada, no sucedió nada? – pregunto.

–          “Parece que no, no había nada.

–          “Je, pero, ¿será?”

–          “Es cierto”.

–          Entonces, cabron, aquí termina la cosa, nomas así. Aquí estas comiendo, pues, así nomas, comes y comes, quien sabe que te va a pasar. – dijo.

 Ya había visto, ya había entendido el patrón, que podía aguantar muchísimo.

–          Vete pues, ¡vete lejísimo! Si quieres lo que quieres, metete  a la guerra o a lo que sea. Ahora ya no hay tu comida. – le dijo.

 Se fue, dicen, se perdió yendo allá.

Así termino la plática.

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Lives in Mexico and works on migration and development, and works on image texts. Vive en México y trabaja en temas de la migración y desarrollo. Por aparte hace arte con imágenes y textos.
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