EL REY Y SUS TRABAJADORES

Bueno, así lo decimos.  Fue hace mucho tiempo. Hace mucho tiempo en la tierra antigua. Hace mucho tiempo el rey era muy rico. Parece que tenía dinero, tenía su rancho y también un mozo que tenía un hermano menor. Bueno, ellos trabajaban juntos. El muchacho y su hermano menor trabajan juntos para el Rey.

 El hermano menor era más pukuj, más diablo era el hermano menor, no era así el hermano mayor, tenía mejor corazón. Pero ¡un buen corazón!: veía lo que miraba, daba lo que tenia, como paso allá, cuando se encontró con la hormiga, cuando vio a la pescada.

 Esta ya se quería morir de hambre. Estaba muriendo de hambre la pobre pescada. Bueno, es que las pescadas tenían hambre y la hormiga también.

-“¿Dónde vas, hormiga? – Dijo – el pobre señor, el mozo del Rey, como decimos.

-“Bueno, ahí voy” –dijo la hormiga.

-“Ahhh, ¿caso tienes hambre?”

-“Tengo hambre” –dijo la hormiga.

-“Bueno, toma, aquí traje mi tortilla”.

Agarro su pozol, le dio su tortilla, le dio su pan… todo lo que comió la pobre hormiga. Bueno, se puso muy contenta la pobre hormiga.

-“Ahhh… tiene buen corazón” –dijo  la hormiga y la pescada.

-“Tengo buen corazón” –dijo el hombre.

-“¿Dónde vas?”

-“Allí, a la labor del Rey”.

-“Ah bueno, está bien, nos vamos a hablar más tarde”.

-“Esta bien, nos vamos a hablar más tarde”.

-“Esta bien”.

Bueno, allí lo vean, el hermano menor dijo: (ese hombre inventaba palabras).

-“Mire usted Rey” –dijo el hermano menor.

-“¿Qué?”

-“Esto es lo que dice mi hermano mayor”.

-“¿Qué dice tu hermano mayor?”

-“Yo soy un hombre y mucho. Yo soy el único hombre, soy un hombre fuerte, como yo no hay otro. Trabajo en los campos del Rey. Porque soy hombre, si mi corazón quiere, levanto casa en una sola noche, levanto casa” así dijo mi hermano mayor.  –dijo el hermano menor.

-“Ahhh” –dijo el Rey, “dijo así”.

-“Así dijo”.

-“¿No estarás inventando?” –dijo el Rey.

-“Si –dijo el hermano menor – así dijo mi hermano mayor”.

-“Ah bueno, ve a traerme tu hermano mayor ¡que venga el muchacho! Le voy a platicar” –dijo el Rey.

Fue llegando, el pobre hombre.

-“Bueno, ya llegaste” –le dijeron.

-“Ya vine” –dijo.

-“Bueno, ¿es verdad lo que dice tu hermano menor?”

-“¿Qué dijo?”

-“…Yo soy el único hombre, yo solo soy hombre, trabajo para el Rey, si mi corazón quiere, levanto una casa en una sola noche” –así dijiste.

-“No dije eso” –respondió el hombre.

-“Bueno, entonces ¿Por qué dijo eso tu hermano menor?”

-“Yo no dije eso, señor Rey, yo no dije eso”.

-“Ni modo, así dijiste. Tal cual, porque así dijiste. No hay más que decir, ni modo, ahora ya nos vamos –le dijo –vamos para que veas dónde vas a levantar tu casa. Si vas a levantar tu casa, vas a construirla en las primeras horas de la oscuridad, tiene que estar hecha en la madrugada”.

-“Bueno, vamos pues” –dijo el hombre.

 Se fueron. El Rey saco su metro, midió el lugar de la casa, cuantos metros de largo y de ancho.

 -“Bueno, aquí vas a hacer la casa, vas a empezar el trabajo cuando entre la noche y cuando blanquea la mañana tiene que estar construida por ti”.

-“Bueno” –dijo el hombre.

Allí se quedo, se quedo en su trabajo, feo se quedo su corazón. Se hizo de noche, lloro:

-¡Pero Dios kajval! ¿Que pienso ahora? ¿Que pienso aquí?

Vinieron las hormigas y la pescada.

-“¿Qué haces? –dijo la hormiga ¿Por qué estas noma llorando?

-“No pues, es así, hormiga, mi hermano menor me invento un mi pecado”.

-“¿Y cuál fue ese tu pecado?”

-“Pues… es celoso, su corazón es caliente”.

-“¿Qué dijo de ti?” –pregunto.

-“Invento un mi pecado, dijo al Rey: “yo soy hombre, soy el mero hombre… si quiere mi corazón levanto una casa ahora nomas, en una noche. Si puedo hacer eso, me llevo a la hija del Rey, me caso con la hija del Rey” eso dijo mi hermano, pero yo nunca dije eso” –así hablo el hombre con la hormiga y la pescada.

-“¡Ay pobre hombre! –Dijo la hormiga- ¡así te va!”.

-“¿Qué hago? ¿Caso puedo construir una casa solo?”

-“Ah. Bueno, ¿y si no podemos que hará contigo el Rey?”

-“Pero… me mata ¡me mata! Mañana, si en la madrugado no ves una casa, si no he hecho mi trabajo. Me va a echar en un perol, me va a matar, me va a asar”.

-“Pobre. Parece que vas a morir mañana, si la casa no se hace.”

-“¡Me muero!” –dijo el hombre.

-“Ah bueno, ni modo, no te preocupes, ya no llores.”

-“Tu ve a dormir, -le dijeron- ve a dormir en tu lugar. Ya sabemos que hacer”.

 La hormiguita dijo:

-“Bueno, ahora parece que el pobre hombre ya encontró su pecado. Pero nosotros entendemos, nos dio un poco de regalo, un poquito, comimos el pan, dio tortilla, ¡ustedes todavía no se dan cuenta!, en el camino teníamos hambre, ahora vamos a hacerle un favor, ayuden, vamos a hacerle la casa, pero en una sola noche, vamos a traer madera, vamos a traer teja, vamos a traer todo lo que se necesita para levantar una casa”.

-“Esta bien” –dijeron las hormiguitas- “¿vamos?

-“¡Vamos!”

-“Usted ¡vete a dormir! ¡A descansar!, mañana a las cinco y media de la mañana”.

-“Esta bien, gracias” –dijo el hombre.

 Ya se anocheció, empezaron a trabajar las hormigas, buscaron madera, buscaron tejas, construyeron la casa en una sola noche. Fue construida.

-“Bueno, levántate –dijeron, fueron a despertarlo- la casa ya está hecha, pero no vamos a decir que nosotros construimos, vas a decir al Rey: “mira, Rey, ya hice la casa”.

-“Esta bien, gracias” –dijo el hombre.

 Entonces llego el Rey, llego a las siete.

-“¿Estás aquí?” –le dijo.

-“Aquí estoy”.

-“Bueno, ya vine, ¿Qué tal la construcción de la casa?”

-“Ya se termino”.

-“¿Ya está la casa?”

-“Mira como esta. No sé si te gusta, si la ves buena”.

-“Esta buena” –le dijo- “y ¡como la hiciste! Bueno, ni modo, ya estas libre, ya te voy a matar, pero la próxima vez no vas a decir mentiras. ¡Ahhh! Ni modos si vas a llevar a mi hija, te vas a casar con ella” –dijo el Rey.

–  “Bueno” –dijo el hombre.

(Está bien, dijo la hormiga).

 Esta vez le salió bien, pero en otra ocasión. ¡Sí! Porque mintió palabras, otra vez el hermano menor.

–          “Yo soy más hombre, dijo mi hermano mayor” –así dijo otra vez.

–          “¿Quéee? –dijo el Rey- ¿otra vez?”

–          “Bueno, dijo mi hermano: “yo soy mero hombre; hay un anillo en el dedo del Rey, si él lo tira al mar, yo entro a buscarlo y en una noche lo traigo”.

–          “Así dijo?”

–          “¡sí! –dijo el hermano- “… y si lo encuentro voy a casarme con la muchacha”

“Así mismo dijo”.

–          “¡Ahh! Bueno, ve a traerlo. ¿Por qué está diciendo eso otra vez? –dijo el Rey.

 Lo fueron a buscar.

–          “¿Será que así hablaste?”

–          “Nuuunca dije eso”.

–          “¿Por qué te acusa tu hermano menos?”

–          “Nunca lo dije” –respondió.

–          “Ni modo, así dijiste, a jugar cerca del mar, vamos a la orilla del mar” –dijo el Rey.

Y de pronto quito el anillo de su dedo.

–          “Mira como tiro el anillo en el mar, ahora tu vas a buscarlo, porque eres un hombre, pues, y además dices que vas a casarte con mi hija”.

–          “Ah, bueno, ¡sí! –dijo el hombre.

–          “Quédate aquí, entraras a buscarlo cuando llegue la noche”.

 Se fue el Rey. Abandonado quedo el hombre. Y estuvo llorando, sin consuelo, a la orilla del mar, el pobre hombre… ¡cuando salió la pescada madre.

–          “¿Qué dices? –dijo el hombre- ¿Por qué estas llorando?”

–          “Estoy llorando porque mi hermano menor invento otro pecado, dijo al Rey que soy el único hombre y que si el tira su anillo al mar, yo lo encuentro en una noche… ¿Cómo voy a buscarlo? ¡yo no me meto en el agua! ¡si lo hago me ahogo!

–          “Ahhh, bueno, ni modos, no te preocupes –dijo la pescada- ¿ya tiro el anillo?”

–          “Ya, ya lo tiro”.

–          “¿Dónde cayo… vistes?”

–          “Cayo hasta allá, pero… ¿caso se ahora? ¿Dónde voy a buscar?”

–          “No importa, yo lo voy a traer –dijo la pescada- yo lo busco y, gracias, porque hace tiempo ya diste tu regalito, pan, pozol y tortillas”.

–          “Si te lo di, es verdad, pero ahora me duele mi corazón”.

–          “Si, gracias porque me lo diste, te voy a defender. Nosotros vamos a buscarlo, voy a decir a mis niños. Nosotros nadamos en el mar, buscaremos donde quedo el anillo”.

–          “¡Ay, si! ¡por favor, pues!” –dijo el hombre.

–          “Bueno, tu vete a dormir”.

El hombre se fue a dormir.

La pescada se metió al agua a buscar el anillo, lo encontró y lo trajo.

–          “Mira, trajimos tu anillo ¡aquí, ten! –dijo la pesada”.

–          “Muchas gracias” –dijo el hombre.

–          “No hay de que, enséñaselo al Rey cuando venga, “lo encontré” dile al Rey, pero no digas que nosotros lo encontramos.

–          “Bueno, ¡está bien!”

 Se amaneció y vino el Rey.

–          “Buenos días” –dijo el rey.

–          “Aquí estoy” –dijo el hombre.

–          “Y… ¿encontraste el anillo?

–          “Lo encontré, aquí esta”.

–          “Ah, ¿Cómo lo encontraste?” –pregunto.

–          “Pues me metí en el agua a buscar”.

–          “Ah, eres muy hombre –dijo el Rey- tranquilízate, te vas a llevar a mi hija”.

–          “Está bien, ni modo” –dijo el hombre.

 que el hermano menor mintió mucho. Como venganza.

“Le voy a hacer pagar un poquito –dijo el hermano mayor- porque me tiene muchos celos”.

 Bueno se fue a inventar el pecado de su hermano.

–          “Mire, Rey”.

–          “¿Qué?”

–          “Esto dijo mi hermano: “si vuelves a tirar al mar el anillo que está en tu dedo, el lo va a encontrar”, así me dijo. “Cabron, de dónde vienes, crees que eres el único hombre, si tu puedes encontrar el anillo, yo también puedo”.

–          “Parece que también es hombre, vamos a ver si es cierto lo que dice el señor”  –dijo el rey.

 Bueno, el Rey se fue a tirar el anillo en el agua otra vez.

–          “Mira hermano menor, ¿es cierto que dices que puedes encontrar el anillo dentro del agua? Si lo puedes encontrar, yo lo tiro. ¡ahora… vamos a ver!”.

 El hermano menor no tenía amigos, la pescada ni lo miraba bien, lo miraba como un pukuj, nunca dio nada a comer… nada, nada. El hermano mayor, ¡ese si tenía buen corazón!

–          “Mañana te vengo a ver. Si has encontrado el anillo, eres un hombre, pero si no… te voy a echar en el perol” –dijo el Rey.

–          “Bueno” dijo el hermano menor.

 Nomas estaba llorando. Le agarro el llanto al hermano menor. Nadie vino a ayudarlo. Allí estaban los peces, nadando en el agua, pero no era asunto de ellos.

Entonces se blanqueo la tierra, el Rey fue a verlo.

–          “¿Y dónde está el anillo? –le dijo.

–          “No no lo encontré”.

            “Ah, bueno, no hay mas, vámonos” –dijo el Rey.

En un instante le tomo su pie, le agarro su mano, lo echo al perol, allí se acabo, todito el hermano menor.

El hermano mayor, ese aguanto la prueba.

El hombre llego a llevarse la hija del Rey. Se caso con la hija del Rey. Así es como se pobló el mundo. Por eso los ladinos salieron más ricos. Es que ella era ladina. Los indios salieron un poco más pobres. Ahora los kaxlanes tienen más carros, tienen más de todo. Casi siempre andan en puro carro. Bueno por eso quedaron más ricos.

Esta vez no les entregamos un relato, si no una reflexión sobre nuestro personaje. El Indio Rey.

Aquí se alude el cargo de Mayordomo Rey con lo cual la leyenda se hace realidad uniendo la figura simbólica del Rey a quien sostiene un cargo.

El principal cargo de la comunidad Zinacanteca el más prestigioso es, precisamente, el de Mayordomo Rey, cuyo principal deber es recibir el regalo de sal de la Virgen del Rosario del paraje Salinas y ocuparse de la ceremonia del cambio de las flores, que adornan el arco de la puerta de la Iglesia.

El tema fundamental de estos cuentos “¿Porqué Zinacantàn es pobre? Sigue teniendo vigencia a través de la reflexión sobre la moneda antigua que ya no sirve. Y  notémoslo, se presenta aquí la posibilidad de que el Rey y el dinero regresen otra vez.

Acerca de admin

Lives in Mexico and works on migration and development, and works on image texts. Vive en México y trabaja en temas de la migración y desarrollo. Por aparte hace arte con imágenes y textos.
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